viernes, 2 de enero de 2015

LECTURAS III -- DISCURSO DE ABRAHAM LINCOLN, EN EL CEMENTERIO MILITAR (PENNSYLVANIA)

Hace 87 años, nuestros padres fundaron en este continente una nueva nación, concebida en la libertad y consagrada al principio de que todos los hombres son creados iguales.
Nos hallamos ahora empeñados en una guerra civil en que se está poniendo a prueba si esta nación, o cualquier nación igualmente concebida y consagrada, puede perdurar. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. 

Hemos venido a dedicar parte de ese campo a lugar de eterno reposo de aquellos que aquí dieron la vida para que esta nación pudiera vivir. 
Es perfectamente justo y propio que así lo hagamos, aunque en realidad, en un sentido más alto, no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este suelo: los valientes que aquí combatieron, los que murieron y los que sobrevivieron, lo han consagrado mucho más allá de la capacidad de nuestras pobres fuerzas para sumar o restar algo a su obra.
El mundo advertirá poco y no recordará mucho lo que aquí digamos nosotros, pero nunca podrá olvidar lo que aquí hicieron ellos.
 A los que aún vivimos nos toca más bien dedicarnos ahora a la obra inacabada que quienes aquí lucharon dejaron tan noblemente adelantada; nos toca más bien dedicarnos a la gran tarea que nos queda por delante: que, por deber con estos gloriosos muertos, nos consagremos con mayor devoción a la causa por la cual dieron hasta la última y definitiva prueba de amor; que tomemos aquí la solemne resolución de que su sacrificio no ha sido en vano; que esta nación, por la gracia de Dios, tenga una nueva aurora de libertad, y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparezca de la faz de la tierra.

Abraham Lincoln 19 de noviembre de 1863, Gettysburg (Pensilvânia)

LECTURAS II - COMENTARIO LIBRO CITADO POR J. P. F.

150 aniversario del discurso de Gettysburg de Abraham Lincoln


En julio de 1863 tuvo lugar, en Estados Unidos, la batalla de Gettysburg, decisiva para el transcurso de la Guerra Civil Americana. Cuatro meses y medio después, el 19 de Noviembre de 1863, en la ceremonia de dedicación del Cementerio Militar Nacional de Gettysburg (Pennsylvania) a los soldados caídos en dicha batalla, el presidente Abraham Lincoln pronunció uno de los más grandes y citados discursos de la historia de la humanidad. Aunque apenas llegaba a 272 palabras y fue leído en menos de tres minutos, Lincoln manifestó lo que todos pensaban, en un destello de conciliación en tiempos de guerra, invocando los principios de igualdad de los hombres consagrados en la Declaración de Independencia y redefinió la Guerra Civil como un nuevo nacimiento de la libertad para los Estados Unidos de América y sus ciudadanos. Curiosamente, el orador principal del acto era un reconocido diplomático, político y académico considerado como el mejor orador de su época, Edward Everett, que intervino en primer lugar durante dos horas. En contraste, las breves palabras de Lincoln resumieron la guerra en dos o tres minutos, en diez oraciones, y en menos de 300 palabras. Las pocas palabras de Lincoln resonaron a través de la nación y a través de la historia, desafiando la propia predicción de Lincoln de que “el mundo notará poco, ni mucho tiempo recordará lo que decimos aquí”. Su discurso es recitado por millones de niños en las escuelas estadounidenses, ha inspirado a generaciones de políticos y se lee hoy como el testamento más claro de su legado democrático; una mirada clara y concisa a su ideario político. Su influencia ha sido tan grande, no sólo en los Estados Unidos, que su última frase para definir la democracia, el “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, se ha convertido en una sentencia política e incluso fue adoptada en el artículo 2º de la Constitución de la Quinta República Francesa.

LECTURAS I


Lincoln y Marx

 Por José Pablo Feinmann

Fue la batalla más sangrienta de la Guerra Civil norteamericana. Larga y sangrienta. Se extendió del primero al tres de julio de 1863. Lincoln no estuvo ahí. El general de la Unión fue George A. Meade y el de la Confederación, Robert E. Lee, brillante estratega cuya sabiduría no alcanzó esta vez para llevar sus hombres a la victoria. Pero Abe Lincoln (Abe se le decía desde sus años jóvenes) llegaría después para pronunciar uno de los más célebres discursos de la historia universal. Apenas 300 palabras sencillamente dichas en constraste con la elocuencia desmedida del orador profesional Edward Everett, cuyo discurso duró dos horas y tuvo aproximadamente 13.600 palabras. El evento tuvo lugar sólo cuatro meses y medio después de la batalla en la Dedicatoria del Cementerio Nacional de los Soldados en la ciudad de Gettysburg, Pensilvania, en noviembre de 1863. En el siglo siguiente, en 1937, poco antes de morir, el más grande y célebre de los compositores norteamericanos, George Gershwin, había manifestado que entre sus planes futuros, todos tronchados por esa muerte que nadie esperaba, estaba “ponerle música al Discurso de Gettysburg”.
“Lincoln (escribe Andrés de Francisco en Guerra y emancipación, Lincoln y Marx, Capitán Swing Libros, Madrid, 2013, p. 125) supervisó la publicación de este texto –cuyo manuscrito, si lo hubo, no se ha conservado, lo que ha favorecido la leyenda de su improvisación–.” Algo que probablemente sea, en efecto, una leyenda, dada la rigurosidad del discurso, su sequedad elaborada que se transforma en pura potencia oratoria. Luego de la batalla de Gettysburg, la Unión se decide a una ofensiva final que le dará el triunfo definitivo.
¿Cuál fue el motivo de esta guerra? Nunca hay uno. Pero, habitualmente, existe una tendencia a reducir las causas de la Guerra de Secesión a una: la de la abolición de la esclavitud. Todo parece indicar que había unos señores sureños muy malos que querían ser esclavistas y unos señores norteños muy buenos y democráticos que buscaban impedirlo. Los del Sur eran perezosos importadores de productos manufacturados, que ellos no creían necesario producir, pues la riqueza del suelo (extraída por la mano de obra esclava) proveía lo necesario para vivir con la opulencia de los aristócratas, de los grandes caballeros. El tabaco y, sobre todo, el algodón eran los productos que exportaban y en los que residía su fácil modo de vida y su enorme riqueza. Hacían, por lo demás, traer de Inglaterra ropas de todas clases (...), aunque su nación rebosara de bosques encargaban toda la madera que necesitaban también a Inglaterra: sus armarios, sillas, mesas, taburetes, cofres, cajas, ruedas de carro y todo lo demás, desde la vajilla más fina, más sofisticada hasta las escobas de abedul. El Norte, contrariamente, instaló en Massachusetts, New Hampshire, Rhode Island y Connecticut tejedurías de algodón y lana, fábricas de armas de fuego, relojes de pared; en Pennsylvania, Nueva York, Nueva Jersey, fundiciones de hierro, tejedurías de seda y fábricas de calzado, sombreros, clavos, botones, etc. Con ellos, la Revolución Industrial había llegado a Estados Unidos.
Por otra parte, la relación con el Oeste era un enorme punto de conflicto. El Norte quería construir carreteras y ferrocarriles para comerciar y facilitar el desarrollo de esa región. El Sur no quería pagar impuestos para algo totalmente ajeno a sus intereses. La famosa conquista del Oeste fue obra del Norte. Un país industrialista necesita consumidores. No es casual que tanto Marx como Engels apoyaran la causa de la Unión. El proteccionismo del Norte tendía al desarrollo de un país capitalista moderno. De él saldrían proletarios industriales que se harían socialistas revolucionarios. El monocultivo del Sur no era otra cosa que una cara más actualizada del viejo orden feudal, con sus esclavos y sus amos y sus mansiones.
En un texto escrito por Marx entre el 22 y el 29 de noviembre de 1864, y dirigido “A Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos de América”, se lee: “Congratulamos al pueblo americano con ocasión de vuestra reelección, por una fuerte mayoría. Si la resistencia al poder esclavista ha sido la reservada consigna de vuestra primera elección, el grito de guerra triunfal de vuestra reelección es: ¡muerte a la esclavitud!”.
“Desde el principio de la lucha titánica que libra América, los obreros de Europa sienten instintivamente que la suerte de su clase depende de la bandera estrellada. La lucha por los territorios que inaugura la terrible epopée ¿no debía decidir si la tierra virgen de zonas inmensas debía ser fecundada por el trabajo del emigrante, o manchada por el látigo del guardián de esclavos?”
Este es el punto de mayor consenso entre Lincoln y Marx. El triunfo del Norte llenaría de industrias el país. De industrias y proletarios modernos. Este horizonte había sido anunciado por Lincoln en el Discurso de Gettysburg: “Más bien es a nosotros a quienes toca dedicarnos la gran tarea que tenemos por delante: aumentar, por estos muertos honorables, nuestra devoción a la causa por la que ellos dieron hasta la última medida de la devoción; resolver aquí, por encima de todo, que estos muertos no murieron en vano; que esta nación, bajo la mirada de Dios, tendrá un nuevo nacimiento de la libertad y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no desaparecerá de la tierra”. No bajo la mirada de Dios, sino bajo la de la dialéctica hegeliana, Marx pensaba que Lincoln era el progresismo capitalista, que Estados Unidos sería un territorio formidable para la revolución proletaria, de aquí que ambos apoyaran la conquista de México. No sin dejar de incluir un matiz interesante: la valoración de la figura del general Santa Ana y el temor, fundado, de que el triunfo de EE.UU. sobre México significara una expansión sin límites sobre los países suramericanos, a los que Marx y, sobre todo, Engels prestaron nula atención por pertenecer a la raza de los españoles, que detestaban. En cuanto a la frase de Marx que he subrayado –que la suerte de la clase obrera europea depende de la bandera estrellada– conjeturo que es uno de sus errores dialécticos más profundos. O acaso la más perfecta de sus profecías, si nos remitimos a los extraños y devaluados días presentes, que nadie podía prever.

EL 56% DE LOS ARGENTINOS TIENE ANTEPASADO INDÍGENA.

LO REVELA EL MAPA GENETICO DE ARGENTINA, UN ESTUDIO DE EXPERTOS DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (UBA).

Lo determinaron mediante análisis genéticos. El resto de la población es de origen mayoritariamente europeo. Entre las personas que poseen huellas aborígenes en su ADN, sólo el 10% es indígena puro.
  
Sin saberlo y tallado en el ADN, los argentinos portan un mensaje de sus antepasados. Y en el 56% de los casos el que lo legó dejó escrito simplemente un solo dato: su origen amerindio. De la población actual, el 44% desciende sobre todo de ancestros europeos, pero el resto —la mayoría— tiene un linaje parcial o totalmente indígena. Así lo determinó un estudio realizado por el Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Universidad de Buenos Aires, a partir del análisis de casos en 11 provincias. "Lo que queda al descubierto es que no somos tan europeos como creemos ser", dice Daniel Corach, director del Servicio, profesor en la cátedra de Genética y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA e investigador del Conicet. En una segunda etapa —junto a Andrea Sala, investigadora del Conicet, y Miguel Marino, becario de esa institución— analizaron comunidades aborígenes puras.

A partir de 1992, y tomando muestras de ADN al azar de un total de 12 mil personas, los científicos pudieron ir tirando del hilo de la madeja de los genes para reconstruir la historia de la población que vive en nuestro país. Querían saber cuánto había aportado la población originaria en la formación de la actual Argentina. Ahora, con el estudio terminado, parece que fue mucho.

El análisis implicó leer los códigos inscriptos en el ADN mitocondrial, que aportan todas las madres, y en el Cromosoma Y, que sólo tienen los hombres y que les legan los padres. Y, que al no combinarse durante la unión para crear un nuevo ser, permanecen inalterables en las distintas generaciones.

Infografía del estudio
Los investigadores argentinos, a cargo del estudio, sabían dónde buscar en ese rompecabezas de códigos genéticos. El método aplicado no es nuevo. Se usa desde mediados de los años 90 y se reduce a una célula. En realidad a su núcleo y a las mitocondrias, dos sitios donde se encuentran moléculas de ADN. Porque, finalmente, todo se centra en esa sigla que designa a una molécula compuesta por dos cadenas de unidades químicas (Adenina, Timina, Guanina y Citocina). De dónde ellas se ubiquen depende el mensaje. Habría que pensarlo como un abecedario de cuatro letras que forman palabras. El mensaje da cuenta del organismo.

En esa larga hilera de combinaciones que forman al Cromosoma Y, hay un marcador conocido con siglas y números: DYS199. En ese lugar, en el caso de los amerindios, aparece una característica típica —y científicamente comprobada— que portan todos los miembros de esa comunidad y que se verificó en gran parte de los hombres argentinos. Pero esa característica genética, explican los científicos, no necesariamente se manifiesta con algún rasgo físico visible. "De ahí que se haya podido sostener tanto tiempo la creencia de que la mayoría de la población argentina es de origen europeo", dice Corach.

Después el equipo buscó en un área determinada de las mitocondrias, también en una región que se mantiene inalterable y que se identifica como HVR I. El resultado fue el esperado: la mayoría de la muestra tenía ascendente materno no amerindio. Es decir, había mayoritariamente madres europeas (53,3%).

La combinación de ambos datos dio que hubo cruzamiento y que en el 56% de los casos había un legado indígena en algún lugar del ADN. De este segmento de la población, sólo el 10% era amerindio puro, sin ningún componente europeo.

La sorpresa para Corach se explica así: "Se cree que las dos grandes matanzas de población aborigen terminaron con 30.000 personas. Se supone que había más población. Seguramente lo que sucedió es que ellos tuvieron descendencia que está presente todavía. Creo que se sobreestima el componente europeo".

El científico sostiene que "la muestra del estudio es representativa porque incluye a la población urbana pero no sólo de la Capital Federal", explica. "Si analizamos a la población de Barrio Norte nos dará un alto porcentaje de origen europeo".

El método partió de un avance científico: desde hace unos años se sabe que parte de la historia queda registrada en el material genético que acarrean los humanos. Y tal novedad permite reconstruir el famoso "de dónde venimos" de la humanidad.

En un comienzo sólo pudo hacerse con el material aportado por las mujeres, que está en las mitocondrias. De ahí la polémica revelación de que las madres de todos los hombres era la "Eva mitocondrial", una mujer africana. A mitad de los años noventa, se pudo analizar el componente masculino, inscripto en el Cromosoma Y.

Ahora, Corach y compañía quieren averiguar cómo se movió esta población. Mientras tanto el mito fundacional está cuestionado. ¿Habrá que borrar esa parte de las guías de viaje y enciclopedias que dicen que más del 85% de la población argentina es de origen europeo.

PARA RAMBLE TAMBLE


VERDADES DIFICILES, PERO VERDADES


jueves, 1 de enero de 2015

1 DE ENERO DE 1945

EL DERECHO A JUBILACIÓN PARA TODOS LOS TRABAJADORES
1 DE ENERO DE 1945
DE DEPENDENCIA...!!! OTRO DE LOS GRANDES BENEFICIOS SOCIALES, DEL PERONISMO PARA EL PUEBLO TRABAJADOR...!!!
Durante las presidencias de Juan Domingo Perón se amplió notoriamente la participación social de los trabajadores. Se extendió el régimen de jubilaciones, se implantó el aguinaldo obligatorio, las vacaciones pagas, la indemnización por despido, se aumentaron los beneficios del retiro y la salud, se construyeron viviendas y se facilitó el acceso a los bienes de consumo de fabricación nacional. El peronismo combinó la ampliación de la participación a través del sufragio femenino, la organización sindical y política de los trabajadores. Se expandió la educación media, y se crearon las escuelas fábrica y la primera Universidad Obrera. Nuevos contenidos y textos escolares coexistieron con otros publicados anteriormente. Los textos escritos en este período incluían hechos de la vida cotidiana, problemas económicos, planes y acciones del gobierno. La clase social más frecuentemente representada era la clase obrera y se destacaba la incorporación de la mujer a la vida laboral y política.LOS
EL DERECHO A LA JUBILACION DESPUES DE UNA VIDA DE TRABAJO FUE UNO DE LOS MEJORES REGALOS PARA EL PUEBLO ESE NUEVO AÑO 1945...!!! LOS AÑOS FELICES SIEMPRE FUERON PERONISTAS...!!! VIVA PERON, VIVA EVITA...!!! VIVA EL MOVIMIENTO OBRERO...!!! CARAJO...!!!