miércoles, 6 de julio de 2016

9 DE JULIO: DE SAN MARTIN A MACRI -- REVISTA ZOOM

9 de julio: de San Martín a Macri (segunda parte)

Segunda de la serie de tres entregas a 200 años de la independencia argentina
Casa Histórica de la Independencia - Tucumán | Flickr
Casa Histórica de la Independencia – Tucumán | Flickr

3. La primera independencia declarada en territorio de lo que hoy es la Argentina
Artigas, padre fundador del partido popular y del federalismo en estas tierras asume que su causa es la americana y no sólo la rioplatense y, mucho menos, la uruguaya, que no se consideraba a sí misma más que como la Banda Oriental del Río de la Plata. Por eso es tan falso cuando historiadores liberales a ambas orillas del Plata lo presentan como un libertador uruguayo tanto como cuando lo hacen como un argentino. Cuando Montevideo, todavía a las órdenes del virrey Francisco Javier de Elío, era uno de los bastiones contra la Revolución de Mayo, Artigas en Mercedes, donde había establecido su cuartel general, lanza su proclama a los orientales: “Tiemblen esos tiranos por haber excitado nuestro enojo, sin advertir que los americanos del sur están dispuestos a defender su patria y a morir antes con honor, que vivir con ignominia en afrentoso cautiverio”. La patria para Artigas es, sin duda, América del Sur.

Sin embargo, ese patriota oriental será una y otra vez traicionado por los gobiernos de Buenos Aires. La primera vez, en octubre de 1811, cuando el Triunvirato llegó a un acuerdo con el virrey Elío, poniendo fin al sitio de Montevideo, con la excusa de que los portugueses habían invadido por primera vez la Banda Oriental pero con el objetivo de sacarse de encima al mismísimo Artigas.

El liderazgo indiscutido de Artigas sobre la Banda Oriental nacerá a partir de la redota o éxodo popular de Montevideo. Esa heroica caminata de más de 500 km con más de 15.000 personas templó la fibra del pueblo oriental. Con la redota, Artigas había interpretado el corazón del pueblo oriental que no quería abandonar las armas para continuar la lucha contra los colonialistas de Elío hasta desalojarlo y, a la vez, hacer frente a los invasores portugueses.
“El liderazgo indiscutido de Artigas sobre la Banda Oriental nacerá a partir de la redota o éxodo popular de Montevideo”
Consideramos que la impronta de Artigas, que configura su amenazante peligrosidad, era que su poder se sustentaba sobre las clases oprimidas del movimiento nacional. Don José compartía las prácticas, los entretenimientos y las formas de vida de esos gauchos, despreciados por los hombres de levita de las ciudades capitales. Artigas se entendía también en el lenguaje de aquellos jinetes rudos de pocas palabras y muchas veces mechadas de guaraní, idioma que según cuentan manejaba perfectamente el Protector de los Pueblos Libres.

Cuando la situación del director supremo se hace insostenible y Alvear renuncia, se nombra director supremo a Rondeau (que estaba al frente del Ejército del Norte), siendo Álvarez Thomas director sustituto.

Son realmente los tiempos del pináculo de la hegemonía de Artigas en el Río de la Plata. Álvarez Thomas, se presenta como un aliado del federalismo artiguista. De hecho, adoptó muchas medidas que lo congraciaban con Artigas y los caudillos provinciales, parándose claramente como un acérrimo opositor al gobierno anterior de Alvear. Sin embargo, es posible dudar de sus buenas intenciones de ese sujeto como lo hace Galasso.

Álvarez Thomas arma una comisión que le propone al Protector: “Buenos Aires reconoce la independencia de la Banda Oriental del Uruguay, renunciando a los derechos que por el anterior régimen le pertenecían”. Era lo mismo que había propuesto Alvear, dejando el Paraná como límite oriental del hinterland de Buenos Aires. Eso sí que era no comprender a Artigas. Buenos Aires volvía a equivocarse en el trato con los caudillos. “La Banda Oriental -postulaba Artigas en esa negociación- entra en el rol para formar el Estado denominado ‘Provincias Unidas del Río de la Plata”.

El fracaso de la misión negociadora precipitó los acontecimientos y obligó al Protector a una rápida respuesta respecto del futuro de sus relaciones con el gobierno porteño. En abril, Artigas empieza a preparar el Congreso de Oriente.
“El Congreso de Oriente, celebrado en Arroyo de la China, hoy Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ha sido uno de los eventos más ninguneados por los historiadores”
Es el odio de la historia oficial y particularmente de Bartolomé Mitre contra Artigas lo que hizo desaparecer de nuestra historia a este importante congreso que reunió a representantes de la mayoría de las provincias de lo que hoy constituye la República Argentina. El Congreso de la Confederación de los Pueblos Libres cayó de ex profeso en el olvido por los historiadores liberales en esa magnífica sabiduría con que fue organizada la ignorancia del país, parafraseando a Scalabrini Ortiz.

El Congreso de Oriente, celebrado en Arroyo de la China, hoy Concepción del Uruguay, Entre Ríos, ha sido uno de los eventos más ninguneados por los historiadores. En la historiografía oficial se lo desconoce por la falta de formalidad del congreso. En realidad se lo ha menospreciado porque se apartó de los modelos institucionales europeos que la historia oficial ha legitimado. Generalmente lo que se hace es ignorarlo como si no hubiera existido.

“Este Congreso de Oriente será la última vez en la historia de los argentinos, en que los indios, los olvidados y siempre explotados habitantes del continente nuevo, al igual que los hombres del color que fuesen, elegirán sus diputados, y serán ellos mismos autoridades legítimas, entendiendo a la Confederación de los Pueblos Libres como su propia patria” dice el historiador misionero Salvador Cabral.

El contenido del Congreso de Oriente no se ornamentó de pompa, ni tampoco fue conforme a la forma de las grandes sesiones adornadas con floridos discursos de señores biempensantes con formación europea, como era de estilo en aquellos tiempos. No hacía falta discutir demasiado para tomar las decisiones expresadas por Artigas, como síntesis del poder político constituido en la Liga de los Pueblos Libres y como su Protector: la declaración de independencia, la organización del Estado federal, más la creación de un gobierno interno. El congreso sólo homologó lo que ya se venía discutiendo y era la parte sustancial del mandato de sus congresales. Independencia y federalismo fueron sus conclusiones fundantes.
“El Congreso de Tucumán abrió sus sesiones el 24 de marzo de 1816. A efectos de desarrollar sus debates se alquiló una casona colonial, propiedad de Francisca Bazán de Laguna, cercana a la plaza principal, que quedará en la historia como la Casa de Tucumán”
El gran problema para el reconocimiento historiográfico del Congreso de Oriente es que sus actas se perdieron, no quedando constancia documental de sus debates. No obstante, el testimonio oral de algunos de los participantes permite reconstruir el contenido de sus deliberaciones.

La clave, no tanto del Congreso de Oriente, sino de la viabilidad del mismo como fuerza de estructuración hegemónica de la futura nación, era la participación de la provincia de Córdoba, por su ubicación estratégica. En efecto, por Córdoba pasaban los caminos que comunicaban a Buenos Aires con el resto de las provincias del norte. Si Córdoba se hubiera jugado por permanecer junto a Artigas y le hubiera dado la espalda al Directorio, podría haber significado un giro drástico en los acontecimientos históricos de la futura Argentina. Sin Córdoba es muy posible que la convocatoria al Congreso de Tucumán hubiera fracasado. Córdoba con su política ambigua fue la única provincia que participó en los dos congresos.

4. Circunstancias de la convocatoria a Tucumán
Una vez en el poder, Álvarez Thomas reproduce la política porteñista contra la que se había levantado en Fontezuela, acabando rápidamente con la luz de esperanza que había encendido. Pero su obra de gobierno más trascendente fue la convocatoria a un Congreso Constituyente en la ciudad de San Miguel de Tucumán.

La situación no podía ser peor. En Europa una restauración conservadora luego de la caída de Napoleón se juntaba en el Congreso de Viena. Al mismo tiempo que se constituye el Congreso de Tucumán, se va consolidando un gran ejército colonialista en el Alto Perú al mando de José de la Serna, que amenazaba con bajar en cualquier momento. Pensemos que Tucumán quedaba a menos de unos centenares de kilómetros de dónde estaba asentado ese ejército reaccionario. Al mismo tiempo y aprovechando la ocasión, los portugueses invaden nuevamente la Banda Oriental, aunque con un guiño de Buenos Aires (que con esta traición encuentra por enésima vez la oportunidad de librarse de Artigas).

Estas son las condiciones francamente adversas en la que se reunió el Congreso convocado en Tucumán. Así van llegando los congresales, después de viajar, los que vienen de zonas lejanas por más de tres meses en carretas de bueyes o, los privilegiados que pueden costarlas, treinta días en galeras de cuatro caballos. Los diputados fueron elegidos, a razón de uno por cada cinco mil habitantes de ciudades y villas.
“La declaración de la independencia, votada por el congreso el 9 de julio de 1816, debe ser vista en perspectiva de una acción política que comienza con las revoluciones políticas estalladas frente a la acefalía del gobierno español”
El Congreso de Tucumán abrió sus sesiones el 24 de marzo de 1816. A efectos de desarrollar sus debates se alquiló una casona colonial, propiedad de Francisca Bazán de Laguna, cercana a la plaza principal, que quedará en la historia como la “Casa de Tucumán”. Allí se reunieron treinta y tres congresales de los cuales dieciocho eran doctores en leyes, once eran sacerdotes y cuatro militares. Tuvieron representación catorce provincias, tres de las cuales pertenecientes a la actual Bolivia, el resto de Argentina. Córdoba también estuvo presente, siendo la única que participó de los dos congresos, el de Arroyo de la China y el de Tucumán. Con la particularidad de que José Antonio Cabrera fue diputado en ambos. Las provincias bajo la influencia de Artigas no fueron siquiera invitadas.

La declaración de la independencia, votada por el congreso el 9 de julio de 1816, debe ser vista en perspectiva de una acción política que comienza con las revoluciones políticas estalladas frente a la acefalía del gobierno español. Sin embargo, la ruptura de esa lógica revolucionaria con base en la libertad (antiabsolutista) y la soberanía (reversión en el pueblo de la misma) hasta llegar a una revolución nacional que tiene en la idea de patria americana o sudamericana su base conceptual, en realidad se origina en la violencia con que los realistas reaccionaron ante el hecho revolucionario y juntista americano, lo cual a su vez fue la base para que las fuerzas colonialistas entendieran que había que defender las posesiones coloniales del imperio español a capa y espada.

(continuará)

TIEMPO ARGENTINO CON TODAS LAS PALABRAS


martes, 5 de julio de 2016

Martín Becerra: “Es muy empobrecedora la mirada del gobierno sobre el periodismo independiente” -- REVISTA ZOOM

Martín Becerra: “Es muy empobrecedora la mirada del gobierno sobre el periodismo independiente”

¿Cómo está el escenario actual y qué quedó de la "batalla cultural"?
Georgina García
Georgina García
A menos de un mes de asumir como presidente, Mauricio Macri ordenó la intervención de los organismos de aplicación de las leyes de Servicios de Comunicación Audiovisual y Argentina Digital, Afsca y Aftic. Días después, mediante un decreto de necesidad y urgencia (267/15), los disolvió y unificó en el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom). Desde ese momento el organismo funciona con un directorio de cuatro miembros: un presidente (Miguel de Godoy) y tres directores (Alejandro Pereyra, Heber Martínez y Silvana Giudici). Todos fueron nombrados por el Poder Ejecutivo y son el número necesario para obtener quórum. Hace unos días la Comisión de Seguimiento de la Comunicación Audiovisual propuso a dos integrantes, de acuerdo a la conformación parlamentaria, para que se sumen a ese directorio: Miguel Giubergia por Cambiemos y Claudio Ambrosini por el Frente Renovador. El Frente para la Victoria decidió dejar vacante su lugar en señal de rechazo al decreto, que también establece que todos los directores del Enacom pueden ser removidos “sin expresión de causa” por el presidente de la Nación. El mismo decreto 267/15 modificó ambas normas sancionadas por el Congreso en 2009 y 2014 y estableció la creación de una comisión coordinada por Giudici que debe elaborar un anteproyecto de ley de comunicaciones que las unifique. 

Martín Becerra es doctor en comunicación, investigador independiente del Conicet, profesor de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de Quilmes y escribió, entre otros libros, De la concentración a la convergencia. Políticas de medios en Argentina y América Latina. En esta entrevista analiza el escenario de regulación de medios que se está construyendo desde el gobierno nacional, cómo afecta esta coyuntura a los medios alternativos y populares y a los trabajadores de prensa, y revisa la política comunicacional de los últimos años.

¿Había necesidad y urgencia en modificar esta normativa?
Lo de la necesidad es subjetivo. Urgencia no había, de hecho algunas de las modificaciones que hicieron no necesitaban de la realización de un decreto como el 267. Ya habían intervenido los órganos de aplicación de las leyes. Había una intervención que dependía exclusivamente del presidente y a partir de la cual podían desarrollar algunas resoluciones que fuesen necesarias, vistas desde la necesidad de funcionamiento de estas actividades. A menos que entendamos la necesidad no como de interés publico sino de interés corporativo de algunos actores industriales de estas actividades, que sí necesitaban la intervención estatal, para que pusieran fin a los procesos de adecuación espantosamente gestionados por el kirchenrismo. Otra necesidad que les resultó muy conveniente fue la prorroga de todas las licencias de radio y televisión.

Una de las primeras medidas del Enacom fue la de archivar los planes de adecuación anteriores.
Claro, porque al elevar los límites de concentración deviene en abstracto todo proceso de adecuación, ya que era una adecuación a los límites de concentración establecidos por la LSCA. En algún caso retocados por ley de telecomunicaciones pero todos los límites fueron elevados por el DNU. En lo que hace a medios de televisión abierta y de radio, los límites fueron elevados de 10 a 15 a nivel nacional. En TV por cable fueron eliminados lisa y llanamente al considerar a la TV por cable un servicio de telecomunicaciones.

Hay un concepto clave para el gobierno cuando habla de las modificaciones a la normativa en medios que es la convergencia. ¿Cómo se puede regular la convergencia?
Definir la convergencia es difícil porque hay muchas definiciones posibles. La consigna que parece manejar el gobierno es que todos pueden hacer todo. Esto significa eliminar barreras regulatorias para que la tecnología pueda indistintamente distribuir servicios audiovisuales, de telecomunicaciones o de internet. Si esa es la definición de convergencia que toma el gobierno ya tiene incoherencias porque a su vez mantiene la prohibición para que el operador de TV satelital no pueda hacer nada más que TV satelital. Esto es: no puede operar canales de televisión abierta o de radio. Ya empezamos mal porque el gobierno plantea un eslogan de todos pueden hacer todo pero a las telefónicas no les permiten dar televisión por cable. Ese slogan no funciona en un país como la Argentina y el Estado necesita tomar recaudos. En la práctica, el Estado conducido por el macrismo apoya a algunos intereses y no defiende a otros. El gobierno tiene una visión futurista que comparte una mirada muy mercantil y adscripta al interés de los autores industriales del mercado y ahí entonces faltan otras miradas. El gobierno parte de la hipótesis de que todo va a funcionar sobre IP (internet) y entonces carece de sentido regular los medios audiovisuales con la intensidad con los que los regulaba la ley de servicios de comunicación audiovisual y como también se hace en otras partes del mundo. Para el gobierno esto es fruto del pasado, es anacrónico y hay un mundo que depende de Internet. Todo esto es muy lindo pero se desconoce de esta manera el uso de los medios hoy y compra una hipótesis como si fuera una constatación cuando el propio gobierno prorrogó licencias audiovisuales. Si esas licencias valiesen tan poco, y fuesen del mundo anacrónico que ya hemos sepultado, no veo cual es el esfuerzo para dictar un DNU para prorrogar por 15 años las licencias audiovisuales porque son 5, más opción a otros 10. Como ironía lo que les digo es: “Yo te cambio mi blog por la licencia de canal 13 o le digo a Telefónica tomá mi blog y dame la licencia de Telefé”. Hay un problema de irresponsabilidad conceptual, y ya no política, que es pensar que un nuevo salto tecnológico, la digitalización, barre con todo. Ningún salto tecnológico en la historia de la comunicación barrió con lo previo sino que recolocó las funciones sociales, los vínculos que establecemos a partir de esos medios pero no fue borrado de plano lo previo.
“Hay un problema de irresponsabilidad conceptual, y ya no política, que es pensar que un nuevo salto tecnológico, la digitalización, barre con todo”
Se está trabajando sobre dos normas discutidas y elaboradas en los últimos años de democracia, ¿qué crees que se puede retomar de esas normas?
De la LSCA hay algunos puntos centrales en los que en la Argentina no estamos tan lejos unos de otros. Por ejemplo, el reconocimiento del derecho que tienen las organizaciones sin fines de lucro a acceder a licencias de radio y televisión. Ese derecho, que fue reconocido por primera vez de manera integral en la ley sancionada en 2009, no está siendo discutido por el gobierno sino que el mismo Enacom y la comisión que trabaja en el anteproyecto de ley se han dedicado a enunciar que es uno de los principios que procuran mantener. Que los medios del Estado tienen que ser públicos y no gubernamentales nunca se cumplió. Está escrito en la ley de 2009 y el gobierno dice que es uno de sus principios fundamentales. Una cosa es la cuestión regulatoria normativa, sobre la que el gobierno dice que va a presentar una ley que va a respetar estos ítems. Si los respeta, significa toda una novedad para un sector político de derecha o de centroderecha. La derecha o centroderecha brasilera no reconoce este derecho, lo que quiere es criminalizar a los radioemisores comunitarios. En Chile se quiere que los comunitarios no tengan publicidad y que tengan una potencia minúscula en una extensión geográfica de un barrio.

Georgina García
Georgina García
Este proceso de construcción de un nuevo marco regulatorio se da al compás de modificaciones en el mercado con un nuevo esquema de concentración. Entonces, ¿este marco regulatorio nuevo no llegaría un poco tarde para regular la concentración?
Cualquier marco regulatorio llega en una situación dada. El problema es que la situación, en este caso, está dada por decretos y por un órgano de aplicación que contraviene los estándares del sistema interamericano de derechos humanos porque es un órgano absolutamente colonizado por el gobierno de turno. En ese sentido carece de autonomía, de independencia, de representatividad social y geográfica porque tampoco están allí las provincias. Es lo más unitario que se ha visto.

En ese aspecto, ¿no hay diferencias con Afsca?
Hay una diferencia con el diseño institucional que tenía Afsca. Muchos aspectos muy críticos durante el kirchnerismo fueron que a pesar del diseño institucional de la ley propuesta e impulsada, lo manejaron como si fuera una dependencia más de la Casa Rosada. El problema de este gobierno es distinto. No es un problema de incoherencia, más bien diría que es muy coherente con la idea de proyectar como el interés estatal los intereses que son particulares de grandes corporaciones del sector. Para eso necesitó colonizar y gubernamentalizar al extremo el diseño institucional y la integración de esta autoridad de aplicación nueva que ha creado que es este Enacom.

Participaste de la presensación que se hizo en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por las afectaciones al derecho a la libertad de expresión por parte del gobierno. ¿Qué crees que se modificó a partir de ese hecho?
Sirvió porque coloca en la agenda de los derechos humanos del continente los derechos a la comunicación y a la libertad de expresión. Además constituye una advertencia fuerte para el gobierno que venía avanzando, hasta ese momento sin ningún tipo de pudor, contra muchos de los estándares del sistema interamericano. Por ejemplo con la gubermentalización de la autoridad de control, considerar a la TV por cable un servicio de telecomunicaciones quitándole la obligación del must carry que es la programación de los canales locales. De hecho los funcionarios del gobierno, que participaron de esa audiencia, mintieron porque dijeron que lo del must carry ya estaba corregido y lo corrigieron recién semanas más tarde a través de una resolución de Enacom. Por mi parte, aunque el gobierno tiene la soberbia del discurso mercantil y que nada que no sea lucrativo tiene significación, que el pedido de la sociedad civil carece de sentido si no esta encuadrado en intereses industriales, en algún punto toma conciencia y retrocede.
“Como en muchos aspectos la herencia kirchnerista no es sencilla porque es una herencia de mucha retórica y de muchos hechos aunque no siempre haya correspondencia entre la retórica y los hechos”
¿Cómo ves el trabajo de la comisión redactora del anteproyecto de ley de comunicaciones?
La propia integración de la comisión tiene un rasgo muy manifiesto, entonces no están abiertos a todos las temas. Están abiertos a un núcleo de ideas muy conocidas por los que nos dedicamos a estos temas y que son francamente muy resistidas por buena parte de los actores no concentrados de estas actividades. El proceso participativo no es tal sino que es un proceso de escucha. El gobierno escucha a organizaciones: algunas políticas, otras sociales, y no es abierto sino que es a invitación del propio gobierno. Si consideramos que la participación es esa, tenemos una valoración muy diferente sobre lo que pensamos que es participar.

Decías en estos días que Arsat es una herencia valiosa.
Como en muchos aspectos la herencia kirchnerista no es sencilla porque es una herencia de mucha retórica y de muchos hechos aunque no siempre haya correspondencia entre la retórica y los hechos. En el caso de Arsat reciben una empresa muy valiosa, con capital extraordinario, con una red de fibra óptica que el kircherismo no supo o no pudo iluminar pero que está. Es una inversión de más de 1200 millones de dólares. Tiene un cuarto de la frecuencia de telefonía móvil, esa que supuestamente ganó Vila-Manzano, que se la quedó el Estado y que, por ley de soberanía digital, no se puede licitar fácilmente. Tiene los satélites Arsat 1 y Arsat 2, las localizaciones satelitales, un formidable centro de datos. Tiene mucho potencial no desarrollado en términos de modelo de gestión. El desafío es gestionarlo, operativizar el capital que tiene. A su vez tiene que lidiar con las internas, que todo gobierno tiene, respecto a qué hacer con esta joya. Me parece que es una posibilidad formidable para meter a las provincias adentro de un modelo parecido a la coparticipación de los recursos hidrocarburíferos pero con la idea de que es una empresa con un potencial que no se tiene que gestionar solo desde el Obelisco sino que las provincias tienen que decir algo. A una provincia alejada de la zona centro, de la zona núcleo pampeana, tener o no tener la fibra óptica activa le cambia la vida. Significa meter a los hospitales en línea, a los municipios en línea. Ojalá el gobierno esté a la altura. Tengo una buena valoración de (Henoch) Aguiar tanto en lo que fue su rol como funcionario de la Alianza como ahora que es vicepresidente de Arsat pero también lo escuché a [Rodrigo] de Loredo -titular de Arsat- y a [Oscar] Aguad -ministro de comunicaciones- y no dicen lo mismo.

Georgina García
Georgina García
En este gobierno hay dos ministerios relacionados a la comunicación: el de comunicaciones y el de medios públicos. ¿Cómo ves la comunicación del gobierno sobre todo con una frase inaugural muy fuerte de Marcos Peña que fue “se terminó la guerra con el periodismo”?
A estas áreas hay que agregarle la jefatura de gabinete y la secretaria de comunicación entonces hay cuatro patas, lo que da cuenta de la prioridad que le asigna el gobierno. La frase de Peña es reveladora porque para el gobierno los medios y los periodistas independientes son un grupo de treinta o cincuenta personas. El mundo de la comunicación se reduce a cincuenta personas que son Clarín y La Nación, y dueños, accionistas y editores de Clarín y La Nación. Es muy empobrecedora la mirada sobre el periodismo independiente y muy descalificadora de todos los que no son grandes y poderosos. Es muy ignorante además de una historia que tiene otros actores que incluso son empresariales y lucrativos pero que no son tan enormes como Clarín y La Nación o no son tan oficialistas como La Nación. Clarín no creo que sea tan oficialista en este momento. Tuvieron la política de secar el mercado de publicidad oficial con lo cual provocaron una crisis muy previsible en los medios que estaban sostenidos por los anabólicos de la publicidad anterior como [Sergio] Szpolski y compañía. Dejando expuesto además el cretinismo de esos empresarios y la falta de controles estatales de la generosa cesión de recursos públicos de los años anteriores. Porque le estas dando cientos de millones de pesos a un tipo que además después fue candidato tuyo en Tigre y nunca controlaste adónde fue esa guita, todo es penoso. La política actual no molesta a los poderosos de la plaza porque se sostenían incluso a pesar de la discriminación de pauta que se hacía contra ellos en el gobierno anterior y porque tienen una cartera de ingresos que no depende de la publicidad oficial, por lo que no los problematiza, les saca competencia y disciplina a su masa laboral. Yo he criticado mucho el manejo de la pauta oficial durante el kirchnerismo pero esto es grave en términos de los efectos sociales que tiene.

¿Que opinás sobre los perfiles de los titulares de estas carteras?
Lombardi está en órbita. Un poco lo demuestra en los medios que tiene a su cargo, también muestra limitaciones pero pasa un primer filtro. Aguad carece de competencia en estos temas. Hay declaraciones en las que revela poco conocimiento en la materia. Si querés tener un gobierno competente, no es el caso. A su vez, están aisladas las áreas que te mencionaba.

Esta semana la comisión bicameral de seguimiento de la comunicación audiovisual propuso a dos directores de Enacom y el Frente para la Victoria decidió no postular candidato.
Si pienso en el FpV, con otro marco institucional, el problema era a quien designaba. Porque una opción es Graciana Peñafort que es un cuadro político comunicacional y legal que te defendió la constitucionalidad de la ley y, en parte gracias a su muy buen desempeño, la Corte Suprema en 2013 falló sobre la plena constitucionalidad de la ley. O lo designás a [Guillermo] Jenefes, ex senador, dueño de gran parte de los medios de Jujuy y también de esa fuerza política.
“Para el gobierno el mundo de la comunicación se reduce a cincuenta personas que son Clarín y La Nación y dueños, accionistas y editores de Clarín y La Nación”
¿Y los dos que se sumaron? Ambrosini por el Frente Renovador y Giubergia por Cambiemos.
Si tuviera que analizarlo genéricamente diría que es muy representativo de la falta de política de los partidos políticos grandes de la Argentina porque no tienen cuadros, no tienen políticas sobre estos temas. En muchos casos lo que hizo el PRO de manera más evidente, a partir de la asunción de Macri, fue tercerizar buena parte de sus políticas, en sectores industriales que son entre otras cosas quienes redactaron el DNU 267. Ese decreto no salió de los cuadros comunicacionales del PRO o de la UCR sino del bufete de abogados de grupos de comunicación. El PRO exhibe de manera explícita esa tercerización, delegando la confección de una política en actores empresariales, y permitiendo que ocupen los dos lados del mostrador. Pero también lo patético de la designación de miembros de la comisión bicameral para Enacom es que, tampoco en otros partidos, las cosas son tan distintas. Esto no quiere decir que Giubegia o Ambrosini sean tipos de las corporaciones. Porque no creo que sea así sino que lo que resuelven son temas internos del partido. Es como Aguad que podría haber ido a Comunicaciones como a Defensa.

¿Te sorprendieron los perfiles de quienes integran Enacom?
Sí, porque tenían mucha cercanía con los operadores mas importantes. Encontrás cercanía con el Grupo Clarín, Telefónica-Telefé, Cadena 3. No digo que sean “empleados de” pero hay mucha cercanía con lo que creen que es el periodismo independiente, los grandes medios: Clarín, Telefé, Cadena 3. Igual insisto con la poca masa crítica que hay en el mismo sistema político. La derecha no tiene cuadros propios del mundo de la política. En otras áreas, como en educación, vos encontrás tradiciones políticas que tienen cuadros propios. En políticas de comunicación me parece que no.

¿A que te parece que obedece?
Hay una especie de conveniencia mutua. Los partidos no producen cuadros ni producen política propia y a cambio, lo que esperan, es un trato editorial favorable.

DE SAN MARTIN A MACRI... -- REVISTA ZOOM

9 de julio: de San Martín a Macri (primera parte)

Primera de una serie de tres entregas a 200 años de la independencia argentina
9-de-julio
1. La historia como territorio de disputa
La historia no es un mero ejercicio intelectual de quien no tiene otra cosa más interesante para hacer. La historia construye sentidos, nos habla de caminos que nos constituyen al mismo tiempo que nos marcan rumbos. Por eso siempre ha existido una política de la historia. Siendo como es la historia terreno de disputa entre proyectos diversos que quieren encauzar el devenir del país. La historia es, en definitiva, la política vista para atrás, con lo cual el recorte que se hace de la misma está determinado, más allá de los hechos que efectivamente sucedieron, por la interpretación que se hace de los mismos, por la importancia que se asigna a unos y a otros.

Cuando se escribe la historia oficial a fines del siglo XIX, Mitre -un pésimo militar pero un hábil político- comprende la importancia de construir un sentido que justifique el protagonismo de la oligarquía porteña que se había encaramado en el poder después de la batalla de Pavón.

El general Bartolomé Mitre busca parcializar la historia con una mirada porteñocéntrica y por eso le da mayor importancia a la Revolución de Mayo gestada en el Cabildo de Buenos Aires y minimiza la trascendencia de la declaración de independencia de Tucumán, el 9 de julio de 1816. Para hacerlo inventa la idea de un hecho original y único surgido de la genialidad de los comerciantes de una Buenos Aires que apenas pasaba de 30.000 habitantes pero que estaba supuestamente sedienta de hacer negocios con el mundo, de insertarse en un mundo del que se hallaba aislada por el proteccionismo y el monopolio español. Es cierto, los discursos de la derecha se parecen a si mismo a lo largo del tiempo. Lo falso de este razonamiento es que la llamada Primera Junta no es ni siquiera la primera junta que se da en el territorio del virreinato del Rio de la Plata. En efecto, hubo una antes, en 1808 en Montevideo, a instancias de Elio (máxima autoridad militar de la Banda Oriental) y sobre todo del rico comerciante nacido en el país vasco llamado Martín de Álzaga. Esta junta fue formada por sectores conservadores en contra de Santiago de Liniers, por entonces Virrey interino, colocado por el pueblo de Buenos Aires en función de su destacada actuación durante las invasiones inglesas. Luego vinieron dos juntas revolucionarias, en Chuquisaca y La Paz. En la primera, donde se ubicaba la universidad más importante de la región y donde estudiaron muchos de los jóvenes patriotas que protagonizaron luego la revolución en Buenos Aires, el protagonismo lo tuvieron los sectores populares encabezados por Murillo y acompañado por un joven universitario Bernardo de Monteagudo. Como es de imaginarse, la reacción españolista, los conservadores de la colonia, fueron más duros con la rebelión popular. Y Murillo pagó con su vida la osadía de desafiar a los poderes constituidos. En la respuesta de los reaccionarios quedó sellada la forma en que habría de dirimirse la cuestión democrática en América. Los sectores conservadores estaban dispuestos a poner la casa en orden con represión.
“Cuando se escribe la historia oficial a fines del siglo XIX, Mitre -un pésimo militar pero un hábil político- comprende la importancia de construir un sentido que justifique el protagonismo de la oligarquía porteña que se había encaramado en el poder después de la batalla de Pavón”
2. La gestación del hecho maldito del país colonial
Desde las reformas borbónicas realizadas en el siglo XVIII, cuando esta casa real llegó al poder en España, el territorio americano, que durante más de dos siglos había sido regido por la corona, empezó a mostrar signos inequívocos de inestabilidad. En su seno se gestó un hecho maldito, una contradicción que no es resoluble en el marco de la pax de la colonia, pero que tiene sus causas, sus detonantes, sus primeros propósitos y hasta sus límites, en el marco de esa América mestiza, sustrato del imperio colonial español en estas tierras. Los sucesos en la metrópoli serán su catalizador. Pero las capas tectónicas del subsuelo de la patria ya empezaban a moverse. Ese imperio, montado con velocidad de conquista (voraz y al mismo tiempo épica), que engendró un nuevo espacio cultural y político, se estabilizó en el tiempo en condiciones de colonialidad –que se prolongaron alrededor de tres siglos–, pero fue conmovido hasta los cimientos en tan sólo un puñado de años. Ello permitió acabar, más de un siglo antes que el resto de los territorios ocupados por Europa en África, Asia y Oceanía, con el yugo colonialista.

Esta emancipación, como no podía ser de otra manera, que empezó –tal como veremos– en la política española y terminó en un conflicto antagónico con el colonialismo hispánico, estuvo signada desde un principio por la guerra. Una guerra cruenta y fratricida, que en apenas quince años se llevará un porcentaje considerable de la población americana. Y que va a prologarse en sus consecuencias desastrosas para la economía, por la voluntad de un imperio que se niega a ser desmembrado. Precisamente, la vocación de todo colonialismo es de perpetuarse en el tiempo y resistirse violentamente a su desintegración cuando está francamente en decadencia, porque es incapaz de repensarse a sí mismo.

La guerra se extendió como una mancha indeleble por todo el territorio americano desde 1809, cuando aparecieron las primeras juntas en la defensa de los derechos del monarca legítimo Fernando VII, mediante la reversión de la soberanía, a idéntico modo que lo que sucedía en la península; hasta diciembre de 1824, cuando el último foco importante conservado por los colonialistas cayó derrotado en manos de las tropas sudamericanas del general Antonio José de Sucre, en la batalla de Ayacucho. La etapa histórica abierta con la revolución política que se resuelve en el movimiento emancipador, experimentó avances y retrocesos a lo largo de tres lustros. Pueden señalarse en este camino tres períodos o etapas. El primero se inicia en 1808 y 1809 con la constitución de las primeras juntas en América, producto de la ocupación francesa de la península ibérica. El segundo período va de 1811 a 1812 y marca las contradicciones de una guerra civil que se hace cada vez más cruenta y antagónica, lo que va determinando a cada vez más amplios sectores a escoger partido por la independencia, sobre todo a partir del regreso de Fernando VII en 1814 y su resolución de descartar los liberales españoles y conducir con los absolutistas. El tercer periodo lo constituye la ofensiva patriótica, ya definitivamente independentista, que va logrando instalarse a fuerza de convicción política de las masas y triunfos militares. En este periodo tienen lugar las grandes campañas continentales conducidas por el libertador José de San Martín desde el sur, y el libertador Simón Bolívar desde el norte, que convergen hacia el Perú.
“La guerra se extendió como una mancha indeleble por todo el territorio americano desde 1809, cuando aparecieron las primeras juntas en la defensa de los derechos del monarca legítimo Fernando VII”
Si la revolución tuvo no sólo el hecho detonante como catalizador, sino también el sistema de ideas que la impulsó, venidos desde afuera, podemos decir que la independencia se fue cocinando a fuego lento entre las contradicciones de la sociedad colonial.

Cuando los historiadores liberales piensan la revolución americana no solo la hacen argentina, incluso porteña, sino que falsean deliberadamente su interpretación inventando una inverosímil metáfora de la marca de Fernando. Como si alguien que quiere la independencia respecto de un monarca vivase el nombre de ese mismo rey para que no se de cuenta. Ridículo por donde se lo mire.

Bien dice el maestro Norberto Galasso en su excelente biográfica política del General San Martín: “Para la historiografía liberal, Mayo fue una revolución separatista, independentista, antihispánica, dirigida a vincularnos al mercado mundial, probritánica y protagonizada por la ‘gente decente’ del vecindario porteño”.

Todos estos mitos son forma de poner en primer plano de la política a la oligarquía porteña.

Para empezar, lo difícil de discutir es que, tanto en España como en América, el detonante del proceso fue la caída de la monarquía española en manos de Napoleón. La abdicación en favor de su hermano Jose Bonaparte por parte de los reyes borbones Carlos IV y Fernando VII había interrumpido la vida normal. Las instituciones representativas se habían desmoronado, la constitución política se había suspendido. Ni el pueblo ni los grupos de la elite estaban realmente preparados para tomar los pasos requeridos.
“Si la revolución tuvo no sólo el hecho detonante como catalizador, sino también el sistema de ideas que la impulsó, venidos desde afuera, podemos decir que la independencia se fue cocinando a fuego lento entre las contradicciones de la sociedad colonial”
Jorge Abelardo Ramos en su Historia de la Nacion Latinoamericana lo resume magistralmente: “La revolución hispanoamericana salta como una chispa de la fulminante invasión napoleónica. Aunque la hoguera revolucionaria se propaga como el dictado de una orden, una larga gestación la había precedido en la historia de España y las Indias”.

Con excepción de México, Lima y Montevideo (que establecieron juntas reaccionarias) todo el resto de las grandes capitales americanas constituyeron casi al mismo tiempo sus juntas revolucionarias. Todas habían rechazado tanto la autoridad del rey impuesto por Napoleón como a las autoridades españolas representadas en la Regencia. Partidarios del juntismo contra partidarios del Consejo de Regencia fue en esos tiempos la clave de interpretación de la disputa política de aquella coyuntura.

Los historiadores tradicionales, empezando por Mitre en nuestro país –pero también de los diversos Mitres de cada uno de nuestros países–, al no distinguir el proceso revolucionario del independentista, pretendiendo que el primero es un camino del segundo, pero condicionado por una coyuntura que no le permitió hacerse público, pierden la perspectiva que permite explicar las contradicciones principales y las secundarias. Ese error los conduce a otro, que es el de tomar la idea de las repúblicas que finalmente se constituyeron y pensar que su historia, así como su configuración, estaba previamente determinada. Es decir, que las revoluciones y las independencias fueron hechos de los países latinoamericanos tal y como ahora los conocemos. Los nacionalismos locales afirman así su identidad, no pocas veces en contraposición, no con el colonialismo ni con el imperialismo sino respecto de sus países limítrofes.

La revolución americana tomada en su conjunto como proceso político, en la particular situación de la crisis española y la independencia de nuestra América, como un proceso único pero que generó países diferentes, no alcanza a explicarse si no es a partir de considerar los argumentos reales esgrimidos por los procesos revolucionarios. El problema de la aplicación de pactum transaltionis (la reversión de la soberanía en el pueblo), que fue el principal argumento de los procesos revolucionarios esgrimidos por las capitales en donde estallaron, era la idea de que el poder volvía al pueblo -ante la imposibilidad del rey legítimo de ejercer el gobierno- y se multiplicaba también para reclamar la autonomía de las provincias respecto de las capitales. Allí está un principio que, mal abordado y en conjunción con los intereses de las incipientes oligarquías aliadas del nuevo imperialismo británico, terminó aportando a la fragmentación en la que concluyó el proceso emancipatorio de la América hispana. El derecho del pueblo de autodeterminarse, que los americanos liberales levantaron al igual que sus epígonos revolucionarios de la península, fue –en cierta medida– el límite mismo a la centralización necesaria para la unificación del proceso revolucionario.

domingo, 3 de julio de 2016

DOÑA PETRONA -- REVISTA ANFIBIA

La vida de la mujer más influyente del siglo XX en Argentina permite explorar la poco estudiada dinámica de la vida cotidiana en el país y el rol que jugaron las mujeres en la modernización de la sociedad y el consumo. Al menos así lo entendió la historiadora estadounidense Rebekah Pite cuando un día en Buenos Aires se topó con su manual de cocina, uno de los tres libros más vendidos del país –después de la Biblia y el Martín Fierro-. A partir de la biografía de la cocinera pionera de la televisión escribió un minucioso ensayo elegido como uno de los mejores trabajos de las ciencias sociales en Estados Unidos en 2013. Un adelanto del libro publicado por editorial Edhasa.


La mujer que escribió el libro más influyente y revelador del siglo XX en la Argentina no es una extraña para la mayoría de los argentinos que viven en la ciudad, aunque los detalles de su biografía son algo menos conocidos. Petrona Carrizo nació a fines del siglo XIX en Santiago del Estero. Parte de una temprana ola migratoria a fines de 1910, esa mujer, que no tenía nada fuera de lo común, se mudó a Buenos Aires con la familia de su futuro esposo. En 1928, comenzó a trabajar para la compañía británica de gas Primitiva, haciendo demostraciones de sus nuevas cocinas a gas.

Para los años treinta, ya se había establecido como una profesional de la cocina, y no sólo en Buenos Aires. Además de continuar con las presentaciones de Primitiva, donde cocinaba frente a miles de mujeres entusiastas, comenzó a escribir su propia columna en una revista, a conducir un programa de radio de alcance nacional y a publicar las primeras ediciones de su libro de cocina. Con la llegada de la televisión a la Argentina, en 1951, ya convertida en “Doña Petrona” fue la primera conductora que cocinó en vivo, extendiendo aún más los límites de una popularidad sin precedentes. Esta amena morocha se hizo famosa por sus platos elaborados, su acento provinciano, su figura de matrona, el enfoque didáctico que utilizaba y el tono mandón que tenía con su asistente, Juanita, así como por su disponibilidad para responder consultas de sus seguidoras, dándoles incluso el teléfono de su casa en su programa. Doña Petrona continuó cocinando en la televisión y otros ámbitos públicos hasta los años ochenta, cimentando así su posición como la experta doméstica número uno en la Argentina.
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Durante el siglo XX, muchas argentinas adoptaron el método de cocina de Doña Petrona, que apuntaba a que el ama de casa moderna siguiera al pie de la letra determinadas recetas para preparar comidas cosmopolitas, abundantes y con un toque artístico. La gente llegaba de todo el país para asistir a sus clases en vivo, coleccionaba los recortes de sus columnas gráficas, sintonizaba su programa de radio y la veía cocinar en televisión. Muchas mujeres le escribían o la llamaban pidiéndole consejo. Y el dato más impresionante era que su libro se vendía como pan caliente. Con una primera edición en 1934, el libro de Doña Petrona llegó a ser reconocido como uno de los tres grandes best sellers en Argentina, junto con la Biblia y el poema épico Martín Fierro, de 1872.

 En cierto sentido, ésta es una historia inspirada en la enorme popularidad de un libro de cocina y la mujer que lo escribió. Sin embargo, no es tan sólo una biografía. Gracias a su enfoque en la comida, la increíble popularidad de la que gozó y su larga vida, la historia de Doña Petrona nos permite explorar la poco estudiada dinámica de la vida cotidiana en el siglo XX y el rol preponderante de las mujeres en esta dinámica. En el ámbito urbano, la compra de alimentos ocupaba el centro del presupuesto de una familia típica, ya que con frecuencia representaba la mitad del salario de una familia de los sectores bajos y un tercio de los ingresos de una familia de los sectores medios.

A lo largo y ancho de la Argentina, muchas personas dedicaban una parte importante del día a procurar, cocinar y servir los alimentos. Sin embargo, qué mujeres (y en menor medida, qué varones) cocinaban y cómo lo hacían fue cambiando a lo largo del tiempo. En otras palabras, la relación entre la gente y la cocina –al igual que otras relaciones– tiene su historia. Desde principios del siglo XX, tanto empresas, como líderes políticos y medios de comunicación masiva comprendieron y usufructuaron del papel fundamental que jugaban las amas de casa en la compra de alimentos y otros bienes de consumo.
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En tiempos de expansión y de crisis, figuras públicas y privadas depositaron su esperanza en la eficiencia de las mujeres para cocinar y consumir en beneficio de sus familias y de la nación. Como resultado de ello, al focalizar la atención en Doña Petrona, sus seguidoras y las miles de historias que la rodean profundiza la comprensión de la historia del género y de la vida cotidiana en la Argentina del siglo XX.

Gracias a que Doña Petrona tuvo el talento de reformularse al ritmo de las distintas demandas a lo largo del tiempo, el análisis de su carrera nos ayuda a percibir los cambios y continuidades en la vida de las mujeres, no sólo en el discurso y el imaginario, sino también en la práctica social.

Al utilizar la historia de Doña Petrona como punto de partida para plantear interrogantes más abarcadores sobre las experiencias domésticas y extra-domésticas de las mujeres, podemos apreciar mejor el rol central que jugaron en la modernización de Argentina como cuidadoras, consumidoras y transmisoras de nuevos patrones de sociabilidad. También podemos apreciar el tremendo impacto que tuvo el crecimiento de los medios de comunicación masiva y la cultura del consumo.

Como sucedía en otras sociedades capitalistas en vías de industrialización, los líderes argentinos del siglo XX promovieron tanto la incorporación de los varones a la mano de obra asalariada, como la domesticidad de las mujeres, definida como la vida de hogar y la dedicación a ella. Por ello, al estudiar la carrera de Doña Petrona, una mujer situada en el nexo entre la esfera pública y la doméstica, las experiencias, contribuciones y sentidos de pertenencia de las mujeres pueden apreciarse desde una perspectiva mucho más amplia.
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Durante los siglos XIX y XX, con el crecimiento de los medios de comunicación y la industria editorial, surgieron otros cocineros y autores de libros de cocina famosos en todo el mundo. Antes de este período, los chefs varones publicaron la mayoría de sus libros para otros profesionales, pero, a partir de entonces, una serie de mujeres comenzaron a escribir libros de cocina dirigidos a las amas de casa y a las cocineras en casas particulares. En el mundo occidental, la tendencia comenzó en Europa. En Inglaterra, por ejemplo, a fines del siglo XIX, el libro de cocina y manual de consejos domésticos de la Sra. Beeton The Book of Household Management voló de las librerías. En América Latina, los procesos de industrialización y urbanización que dieron sustento a ese suceso editorial llegarían más tarde y los primeros libros de cocina que se publicaron a mediados del siglo XIX estaban dirigidos sólo a los pequeños círculos de la elite y sus cocineros.

Muchos países nunca tuvieron una figura convocante como la Sra. Beeton en Inglaterra, y los que sí eran naciones con los recursos como para sostener el consumo interno. En México, por ejemplo, Doña Velázquez de León, que fundó una escuela de cocina en la Ciudad de México y escribió varios libros de cocina famosos, alcanzó el tope de popularidad a mediados del siglo XX. Es interesante destacar que, a diferencia de la fama duradera de Doña Petrona (y de la Sra. Beeton), ya casi nadie conoce a la más famosa cocinera mexicana del siglo XX. Lo que hace única a Petrona C. de Gandulfo dentro del continente americano es su éxito para establecerse y mantenerse en la cima de su profesión durante décadas.

No es casual que no sea en América Latina donde podemos encontrar expertas culiarias comparables con Doña Petrona, sino en los Estados Unidos. A comienzos del siglo XX, la Argentina y los Estados Unidos tenían en común economías en expansión y políticas que apuntaban a estimular la inmigración. Fue ese mismo éxito para atraer inmigrantes lo que subyace a la ausencia de un repertorio culinario claro y compartido y lo que contribuyó a la necesidad de contar con consejos “expertos”. A su vez, la expansión de la educación pública y la expansión de los medios de comunicación contribuyeron a que una gran cantidad de gente pudiera seguir esos consejos. Sin embargo, en parte debido a que el mercado de medios es más concentrado en la Argentina, el éxito de Doña Petrona es comparable no a una, sino a todas las figuras legendarias de la cocina casera de los Estados Unidos puestas juntas.

De hecho, ella fue la pionera entre las celebridades culinarias en los medios en todo el continente americano. Su éxito sin precedentes fue posible gracias a la existencia de una base de seguidoras que podían leer y escribir, tenían aspiraciones de movilidad social y estaban enfocadas en el consumo doméstico.

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Numerosos observadores argentinos y extranjeros han declarado en forma repetida que la Argentina llegó a tener la clase media más numerosa e influyente de América Latina. Los habitantes de Buenos Aires, como en otras ciudades del subcontinente a mediados del siglo XX, construyeron y solidificaron su condición de clase media no sólo en base a criterios políticos y socioeconómicos, sino también en sus específicas construcciones de género, que incluían la aclamación del rol de las mujeres como amas de casa y consumidoras.

En la época del primer peronismo puede en algunos casos verse el acenso social de más familias obreras a través de la adopción de estos roles por parte de las mujeres. Pero es importante destacar que las experiencias de los miembros de “la clase media” o “la clase obrera (o la trabajadora)” no fueran homogéneas.

La forma en que vivía, comía y consumía la gente de ambas clases sociales variaba con sus ingresos, sus raíces, su región, la organización de la familia (especialmente si había un ama de casa de tiempo completo o no) y su acceso a pequeños terrenos para cultivar huertas y criar animales. Especialmente para los inmigrantes que llegaban a Argentina de situaciones precarias, sorprendía la riqueza de la dieta local. Sin embargo, al igual que en otros países latinoamericanos de extensa geografía y en vías de industrialización, la relación entre la mayoría de los argentinos (incluidos aquellos que se identificaban como “clase media”) y la economía en expansión fue difícil e inestable a lo largo del siglo XX. Por lo tanto, mucha gente ponía en marcha su inventiva para neutralizar las situaciones desfavorables. Lo que convierte a la Argentina en un caso único dentro de América Latina, por lo tanto, fue el carácter duradero de su propio sentido de excepcionalidad en una región plagada de desigualdades y crisis económicas cuya población era en su mayoría pobre y de razas mixtas. Así, las identidades de clase media y blanca en la Argentina fueron constructos deliberados y superpuestos.

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Ya desde pequeña, Petrona Carrizo sabía hacer pastelitos de dulce. De acuerdo con su sobrina Olga, la madre de Petrona persuadió a su hija a hacer pastelitos. Olga recordaba que los pastelitos de dulce de membrillo de Petrona “se abrían como una flor […] aunque a ella no le gustaba hacerlos y lloraba cuando la obligaban”.

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A pesar de que ya de niña había aprendido a preparar este manjar sabroso y complicado en Santiago del Estero, como experta culinaria reconocida Doña Petrona nunca hacía referencia a su pasado en la cocina. En numerosas entrevistas con los medios, solía decir con orgullo que su carrera profesional comenzó en Buenos Aires a fines de los años veinte en la compañía Primitiva de Gas y su formación culinaria empezó en la sucursal local del instituto francés Le Cordon Bleu. Además, parecía deleitarse en afirmar que de niña jamás había aprendido a cocinar. Al contar sobre su reticencia para entrar en la cocina, comentaba: “Mi madre fue la propietaria de la mejor casa de pensión de Santiago del Estero y me llamaba muchas veces para que viera cómo se cocinaba; pero [yo] no hacía caso, no me interesaba”. En repetidas ocasiones dijo a los periodistas que “ni a escobazos me llevaban a la cocina”.

Pero a pesar de que públicamente lo negara, Petrona Carrizo sí entraba en la cocina en su infancia en Santiago del Estero, sobre todo para cocinar sus pastelitos deliciosos en la pensión de su mamá. Y un reflejo de este hecho perduró no solamente en la memoria de sus parientes, sino también en una receta que incluyó en su primer libro de cocina en 1934. En su receta para “Pastelitos de Dulce”, Doña Petrona explicó cómo mezclar, estirar, y cortar la masa; después, cómo formar “los cuadros” con “un poquito de dulce de membrillo deshecho” en el medio; luego, como freírlos en grasa, y, finalmente, cómo preparar el almíbar para glasearlos.

Su arte para cocinar este sabroso –y complejo– manjar criollo replicaba la experiencia de muchas generaciones de mujeres en todo el país, en especial, en las provincias del noroeste. Y para seguir esta receta, una debería haber adquirido algo de esa experiencia puesto que según la receta de Doña Petrona la cocinera ya debía saber cómo hacer “una masa que no sea ni muy dura ni muy blanda”; cómo deshacer el dulce del membrillo “sobre el fuego” y cómo medir la cantidad de dulce sin más instrucciones que estas vagas referencias. A la vez, y conviviendo con lo anterior, con esta experiencia presupuesta, sus indicaciones sugieren que incluso aquellas con mucha experiencia tendrían mejores resultados si seguían sus medidas exactas y modernas, como por ejemplo, cuántos centímetros (para ella, seis) medía cada “tirita” de masa.

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¿Qué nos dice esta historia sobre una niña a quien no le gustaba cocinar y terminó brillando por su carrera culinaria? ¿Por otra parte, por qué Petrona Carrizo estaba tan empecinada en evitar y dejar en claro que evitaba la cocina? La trayectoria que va desde cocinar pastelitos a regañadientes en Santiago del Estero a dar clases magistrales de cocina para Primitiva en Buenos Aires, constituye un relato que no se restringe sólo a la historia personal de una mujer. De hecho, es una historia que, junto a otras, muestra los límites y las oportunidades que tuvieron las mujeres en Buenos Aires gracias a la modernización de la economía, atravesada por cánones de género que exaltaban el trabajo asalariado de los varones fuera del hogar y los roles domésticos no remunerados de las mujeres. Entre finales del siglo XIX y principios del XX, la economía liberal en expansión abultaba los bolsillos de las familias acaudaladas de la Argentina, en tanto empobrecía aún más a la mayoría de menores recursos. Al mismo tiempo, permitió que un sector mucho más acotado de habitantes de la ciudad –la futura clase media urbana– conquistara para sí la condición de respetabilidad, así como una firme creencia en el progreso. Así, la mayoría de las familias se ganaron esa respetabilidad con el trabajo administrativo de los varones y el oficio de amas de casa de las mujeres. Sin embargo, había que definir a qué debían abocarse las mujeres respetables, dentro de todo lo que implicaba ser ama  de casa. Como se verá, tanto los empresarios como los voceros de los medios de comunicación, los expertos en economía doméstica y muchas mujeres giraban en torno a las artes culinarias. Así, encumbraban el arte de cocinar un emprendimiento –asociado, en los inicios del siglo XX, a la servidumbre y a las mujeres pobres– que, para principios de 1920, merecía la atención de mujeres “respetables”.
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