viernes, 4 de octubre de 2019

MACRI Y LAS ENERGIAS RENOVABLES. El plan RenovAr – 1°

Completo aqui.

Del ventilador Atma a la turbina Vestas hubo algo más que
un salto de escala para Newsan. Si se está preguntando por
 la protuberancia a sotavento de la góndola, es un enorme radiador.
Un error habitual de simplificadores es ver al gobierno 
de Mauricio Macri como «ajustador» serial, uno que suprime 
subsidios en nombre de una «racionalidad económica».
 No es así. El gobierno actual subsidia aún más que el
anterior. Lo que han cambiado es que los beneficiarios son menos, y son otros (salvo en algunos casos afortunados).
El rubro más notorio, y costoso, es el de la energía.
 En particular, petróleo (de Vaca Muerta), gas (ídem),
 y energías renovables, en cualquier lugar. Éste no es el
 uso de fondos públicos menos productivo que hace este
gobierno, por cierto, y las repetidas quejas de AgendAR,
 han sido porque todos los insumos eran importados.
 El asunto muestra algunos ligeros cambios, y pensamos
 oportuno que Daniel Arias haciera, como en otros
 rubros, una investigación a fondo.
Resultó larga. Y jugosa. La publicaremos en capítulos, 
durante varios días.
«Forzado por la recesión del consumo y atraído por los 
privilegios de los productores de energía en Argentina, Newsan,
fabricante de los electrodomésticos Noblex, Siam, Atma
y Pioneer, acaba de reconvertir su planta de Campana para armar
 las góndolas de turbinas eólicas. Viaje sin escalas desde el
 ventilador Atma al molino Vestas V150, el mayor del
 mundo para ubicaciones terrestres.
Dos salvedades: una turbina es lo opuesto de un ventilador:
transforma viento en electricidad. La otra es que estas góndolas 
no son botes venecianos sino gabinetes metálicos del tamaño de
 un ómnibus urbano, que se llenarán con 75 toneladas 
de maquinaria electromecánica compleja. Son 2500 piezas
importadas que se ensamblarán aquí, y ésa es, en suma,
 la noticia real.
Hasta la semana pasada, en materia eólica el programa 
RenovAr sólo fue importación desenfrenada, endeudamiento, 
dolarización del viento y un probable pagadios futuro, con
 a lo sumo dos componentes argentinos: la torre, que es barata, 
y el viento, que es gratis.
Ahora, al parecer, la Argentina entra en una fase de integración 
nacional de los llamados “trenes de transmisión”. Ya 
hay otro caso más: Nórdex-Acciona, consorcio germano-español, 
se asienta en la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA) de
 Córdoba, donde además de góndolas hará torres.
Para poner las cosas en su marco: en sus sucesivas rondas, 
RenovAr logró que el precio promedio de la electricidad de fuentes 
renovables bajara de US$/MWh 61,41 en la primera, pasando por 
54,02 en la segunda, o 1.5 hasta alcanzar 51,49 en la última.
 El descenso fue interesante en los parques fotovoltaicos:
pasaron de 59 US$/MWh en la Ronda 1 a 40,44 US$/MWh en 
la Ronda 2. La eólica varió su mínimo de 49 a 37 US$/MWh, pero
 fueron las 2 primeras rondas las que fijaron los contratos de los
 63 parques. Algunos ya están construidos y en línea, y los precios
 andan entre 50 y 60 U$/MWh.
RenovAr lleva a la fecha 147 proyectos adjudicados en 21 provincias
 por un total de 4.466,5 MW instalados. Esto sucedió en 3 rondas
 licitatorias, a la que se sumó una última llamada “MiniRen” 
con 400 MW ofertados y pocos licitantes. Resultado total: proyectos 
en avance o terminados de 41 parques solares, 34 eólicos, 18 de
 biomasa, 14 minicentrales “hidro”, 36 plantas de biogás en
 emprendimientos rurales, y 4 en rellenos sanitarios.
Que empiece a aparecer un poco de industria argentina en el
 lado eólico de RenovAr, en algo que hasta el mes pasado fue coto
 exclusivo de fabricantes externos, es buena noticia. Pero hay que 
mirar toda la película. Pese a ser una canonjía financiera muy blindada
 contra la realidad, “planeta  RenovAr” es parte de la economía
 argentina: cuando se hunde un barco, no es imposible que se 
ahoguen incluso los trepados a los mástiles. Lo seguro es que ya 
no se embarca más nadie. Eso quizás explica que MiniRen pasara 
desapercibida.
Lo que sigue, entonces, podría ser crecimiento casi vegetativo,
como el de las uñas o la barba de un hombre muerto. 
Ojalá estemos equivocados. Como decía Niels Bohr, es difícil hacer
 pronósticos, especialmente acerca del futuro.
Una grúa gigante (todo es gigante en el rubro eólico) instala 
un tren en una góndola (gigante).
Los “trenes de transmisión” como los que armará Newsan en 
Campana son maquinarias llenas de sensores y mecanismos 
de control y autoprotección. Pero básicamente, fungen de cajas
 multiplicadoras. En el caso de la V-150, transforman el hipnótico,
lento giro del cubo de una hélice de 150 metros de diámetro en 
las 1800 RPM necesarias para generar electricidad en una dínamo.
 Pero adentro de una góndola suceden muchas más operaciones,
 y muy sofisticadas.
Como bestia inteligente y deseosa de autopreservarse, la turbina 
trata de mantener constante la velocidad de giro de la hélice pese
a los cambios instantáneos del viento, más o menos arrachado 
según las regiones. De otro modo, entre aceleradas y frenadas, 
la hélice terminaría luchando contra la inercia de los enormes
engranajes de la transmisión y algo se rompería.
La turbina logra mantener las RPM de su cubo de un modo muy
 naval: así como un velero mueve de modos complejos sus velas
 para tomar el viento en el ángulo óptimo y avanzar, la
 turbina ajusta reactivamente no sólo su dirección acimutal 
para “enfacharse” contra el viento en los 360º del compás. 
También ajusta los ángulos de paso de las palas.
En criollo no naval, eso es alterar el chanfle con que el borde
de ataque de las aspas intercepta el viento. Cuando lo toma “de 
frente” en cero grados, como el ala de un avión, la superficie 
convexa (o extradós) de la pala genera baja presión dinámica de
 aire, y por lo tanto vacío y fuerza (llamada “sustentación”) en
 esa dirección: desde el intradós (la parte cóncava del aspa) 
al extradós (la convexa). Esa fuerza es lateral respecto del plano
 de la hélice. Y la hace girar en sentido horario.
Eso es una victoria danesa sobre los alemanes de Tvind, un
 consorcio de profesores y estudiantes, en las épocas casi hippies 
de la energía eólica, los ’70. Sus turbinas giraban en sentido 
antihorario. En 1973 Europa Occidental se quedó sin petróleo por
 haber apoyado a Israel en la guerra de Iom Kippur. Los daneses
 ya venían haciendo molinos desde 1891, de modo que vieron
 mercado sustitutivo, le pasaron por encima a los alemanes, e
 impusieron en el mundo ese diseño de un fuste alto y largo, una 
góndola y una hélice de 3 palas. Lo copiaron de la NASA, la
 National Science Foundation de los EEUU y de la Boeing, y el 
mundo lo bautizó “danés”.
Sí, las aspas las diseñan ingenieros aeronáuticos y no funcionan
 como las aletas chatas de un ventilador. Son realmente como alas 
de avión. El extradós de un ala genera vacío y éste “chupa” el 
avión hacia arriba. Vuela por eso. Un aspa eólica es un ala, pero con 
un extremo cautivo en el cubo de la hélice: en suma, un ala rotativa. 
Y dado que es preferible que nada salga volando, la sustentación se
ejerce como una fuerza lateral.
Por eso, con una pequeña variación del “paso” las aspas pueden
 tomar el viento en ángulos crecientemente cabreados, y como
 consecuencia girar cada vez con menos fuerza hasta eventualmente 
“entrar en pérdida”, como un avión que levantó demasiado la
 nariz y está a punto de caerse.
En pérdida, la hélice de una turbina se va frenando. Esta es una
 medida de autoprotección contra rachas instantáneas pero también 
contra tempestades sostenidas. Se llama “frenado aerodinámico”,
 requiere de ajustes constantes decididos por computadora, y sirve 
para que la hélice no se embale. Si lo hiciera, además de romperse
el tren de transmisión, podría salir volando una pala de casi 80 metros
 de largo. Pero también hay desastres más serios.
El movimiento de regulación de paso de la pala respecto de su
 inserción en el cubo se parece al de la muñeca de un criollo
 que le está haciendo a Ud. el signo “más o menos” con la mano.
Pero es un movimiento más lento: para no desafiar la inercia y la 
fricción, todo es muuuy lento con estos componentes gigantes. Y sin
 embargo el alabeo en su recorrido total puede girar una pala
sobre su eje longitudinal alrededor de 100º de arco, hasta dejarla
perfilada “en bandera”: mínima resistencia al viento, cero empuje,
 inmóvil.
Aún con vientos nada peligrosos, de entre 4 y 12 m/s, la
 fricción de los engranajes multiplicadores del “tren” puede
 ser brutal y desprende tanto calor que a veces derrota a los
 sistemas de enfriamiento. ¿Cuáles? Ver el majestuoso radiador de
 la V-150, con un señor libre de vértigo trepado encima. Y adentro 
hay más sistemas de enfriamiento.
Si el calor en la góndola sobrepasa cierto umbral, el aparato puede
 incendiarse. Tal cual. Pasa en las mejores marcas. La góndola, 
bien mirada, está atiborrada de lubricantes y cables con aislaciones
 plásticas sumamente combustibles. Paradójicamente, este desastre
particular lo pueden causar los frenos neumáticos, no muy distintos
 de los de una motocicleta, con que el aparato trata de protegerse 
de incendios o engranes de caja cuando para no embalarse ya no
alcanza con el frenado aerodinámico.
Las frenadas de apuro ponen los discos al rojo y un chispazo inoportuno
 puede volver la góndola una antorcha inapagable. En 2013, tras una
seguidilla de accidentes por fuego en Europa que involucraron a 
casi todas las marcas grandes y mataron al menos a dos mecánicos
en Holanda, el Imperial College de Londres calculó un total de 
117 incendios anuales en una industria que entonces tenía menos
 de 240.000 molinos desplegados en el mundo.
El estudio inglés añadió que los fabricantes, para proteger 
su imagen, declaraban públicamente a lo sumo el 10% de los siniestros,
 aunque son localmente imposibles de disimular. En AgendAr les
 damos la razón: hemos agotado Internet buscando imágenes
 del único accidente fatal de una turbina en Argentina, en 2006. 
Textos hay algunos, pero alguien se encargó con todo éxito de que 
no hubiera fotos publicables.
Otro accidente posible es que el tren de multiplicación se
 “engrane” (quede atascado). Si esto sucede, la fuerza del viento,
 al no poder generar rotación, tal vez derribe la torre. Le pasó a 
IMPSA en 2006 con su primer gran turbina argentina en
 Cerro Arenales, Comodoro Rivadavia (2 heridos, un muerto) y le 
acaba ocurrir lo mismo en Octubre de este año a una turbina
 española Gamesa largamente inactiva instalada en el Cerro
 Chenque, dentro del casco urbano de la misma ciudad. El colapso
 esta vez no dejó víctimas.
Holanda, 2013, incendio de una Vestas V-66 de 1,75 MW. Dos
 mecánicos quedan atrapados en la góndola, a 80 metros de altura. 
El fuego y el derrumbe de la torre son los accidentes más temibles.
En Comodoro, donde están paradas por falta de mantenimiento
casi todas (y a veces todas) las 26 turbinas del parque eólico 
Antonio Morán, entendieron que la idea de juntar tejido urbano
 y molinos gigantes es mala. También que en un país 
dado a brotes hiperinflacionarios, es imposible que molinos 
100% importados cumplan sus 20 años de vida programada:
 los repuestos y los mantenimientos cuestan dólares. Van
 entendiendo también que una turbina permanentemente inmóvil
 en medio de una ciudad de vientos potentes y arrachados es más
 un problema de seguridad que un show de ecologismo.
Aunque a la vista del desinformado público los molinos parezcan 
simples hasta la bobera, como puede ver, son animales complicados.
 Si sirve de consuelo, no todos los países tienen ingenieros 
y técnicos capacitados para armar góndolas, incluso con planos
 y componentes 100% importados. Y diseñar turbinas argentinas, 
competitivas y buenas, señoras y señores, eso es ingeniería de
 la brava. Por ahora, eso lo logró sólo NRG, integrando piezas 
“off the shelf”. No es poco mérito. (Continuará)

Daniel E. Arias

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